Sopa de albaricoques y su tarrina de queso fresco
Los habitantes de las Baleares disfrutan mucho con las tarrinas de queso fresco, postre cubierto con miel o con azúcar quemado. En su isla abundantemente provista de cultivos frutales, también se degustan los albaricoques asados a la plancha. Esta sopa intensa en sabores y colorido, realza la acidez de la tarrina de queso.
Una mezcla de crema inglesa perfumada con limón rallado y canela, con gelatina y queso fresco compondrá la tarrina.
La sopa de albaricoques mezcla sabores de dos cítricos: el zumo de naranja y el triple-seco. A base de pieles de naranjas este licor se saborea generalmente con cubitos de hielo, o sirve para aromatizar cócteles, ensaladas de frutas y helados.
Para la tarrina de queso:
En una cazuela, caliente la leche con el azúcar y la nata. Bata las yemas. Dilúyalas con la leche, vuelva aponerlas en la cazuela y espéselas hasta conseguir una crema inglesa. Fuera del fuego, incorpore la gelatina ablandada.
En la crema añada la piel de limón rallado y la canela e incorpore el queso fresco. Vierta esté preparado en moldes individuales y déjelo enfriar al menos 3 o 4 horas en la nevera.
Para la sopa de albaricoques:
Corte en dos los albaricoques y deshuéselos. Fríalos en seco en una sartén. No olvide darles la vuelta para que se doren por dos lados.
Caliente el azúcar y un poco de agua a punto de caramelo. Cuando esté dorado, añada los albarcoques asados.
Riegue los albaricoques con triple-seco y deje cocer durante 10 minutos a fuego vivo, removiendo para que los albaricoques no se adhieran al fondo.
Riegue después con zumo de naranja. Deje borbotar a cubierto 10 minutos. Reserve 3 albaricoques y pase el resto por la batidora. Déjelos enfriar y sirva las tarrinas sobre un lecho de sopa de albaricoques y decore con trozos de albaricoque, menta y frutos rojos.