La finca Los Castellares se encuentra en Carmona (Sevilla), una de las ciudades más antiguas de Europa, habitada de forma ininterrumpida desde hace más de 5.000 años. Un territorio donde cada capa de tierra guarda la huella de las civilizaciones que entendieron, desde muy temprano, el valor de esta tierra privilegiada.
Fue en torno al siglo VIII a.C. cuando el encuentro entre los pueblos íberos tartéssicos y los fenicios transformó Carmona en una de las grandes metrópolis del Mediterráneo. Los fenicios, atraídos por la fertilidad excepcional de la vega del Guadalquivir, introdujeron y desarrollaron el cultivo del olivo, iniciando una tradición que ha perdurado hasta nuestros días.
Con la llegada de los romanos, Carmona vivió uno de sus periodos de mayor esplendor. Julio César la describió en su obra De Bello Civile como “la ciudad más fuerte de toda la provincia Bética”. Carmona se convirtió en una de las principales zonas productoras de aceite de oliva del imperio romano.
Tanta cantidad de aceite de la Bética llegaba a la capital del imperio que tuvieron que apilar las ánforas que portaban el aceite formando el enorme monte Testaccio, que a día de hoy, sigue siendo testigo histórico de las miles de ánforas marcadas con la denominación de origen “Carmo”, símbolo eterno de la grandeza oleícola de esta región.
Durante el reino visigodo siguió siendo un enclave estratégico y lo continuó siéndo bajo dominio musulmán, cuando pasó a llamarse “Qarmuna”. Tras la caída del califato de Córdoba, se convirtió en un reino independiente de gran importancia por su relevancia agrícola en la región.
Cuando en 1247, Fernando III el Santo la reconquistó, maravillado por su belleza y fortaleza, proclamó: “Como el lucero luce en la aurora, así en Andalucía, Carmona”. Un lema que hoy figura en el escudo de la ciudad.
Esta pasión y dedicación por la excelencia en la agricultura son los mismos principios que Torres y Ribelles mantiene desde 1914 en la fabricación y el envasado de este excepcional producto conocido como oro líquido.
Las aceitunas se molturan a las pocas horas de su recolección, preservando así toda su frescura y cualidades naturales.
La extracción se realiza en frío, un proceso esencial para conservar intactos los aromas, sabores y propiedades saludables del aceite.
Posteriormente, el aceite pasa por un delicado proceso de filtrado que elimina la humedad y las impurezas propias del fruto
El aceite resultante se conserva en depósitos de acero inoxidable, protegidos del oxígeno y mantenidos a una temperatura constante de 18 ºC.
Fabricación bajo pedido a los diferentes clientes en 5 continentes.
Los aceites de oliva virgen extra que exporta Torres y Ribelles son el resultado de un cuidadoso coupage de Arbequina, Picual y Hojiblanca, combinando los diferentes atributos y características tan particulares de cada una de ellas. De esta armonía nace el sabor inconfundible y representativo de BETIS, un aceite único y reconocible.