Los Castellares
La finca Los Castellares se encuentra en Carmona (Sevilla), una de las ciudades más antiguas de Europa, habitada de forma ininterrumpida desde hace más de 5.000 años. Un territorio donde cada capa de tierra guarda la huella de las civilizaciones que entendieron, desde muy temprano, el valor de esta tierra privilegiada.
Fue en torno al siglo VIII a.C. cuando el encuentro entre los pueblos íberos tartéssicos y los fenicios transformó Carmona en una de las grandes metrópolis del Mediterráneo. Los fenicios, atraídos por la fertilidad excepcional de la vega del Guadalquivir, introdujeron y desarrollaron el cultivo del olivo, iniciando una tradición que ha perdurado hasta nuestros días.
Con la llegada de los romanos, Carmona vivió uno de sus periodos de mayor esplendor. Julio César la describió en su obra De Bello Civile como “la ciudad más fuerte de toda la provincia Bética”. Carmona se convirtió en una de las principales zonas productoras de aceite de oliva del imperio romano. Tanta cantidad de aceite de la Bética llegaba a la capital del imperio que tuvieron que apilar las ánforas que portaban el aceite formando el enorme monte Testaccio, que a día de hoy sigue siendo testigo histórico de las miles de ánforas marcadas con la denominación de origen “Carmo” y símbolo eterno de la grandeza oleícola de esta región.
Durante el reino visigodo siguió siendo un enclave estratégico y continuó siéndolo bajo dominio musulmán, cuando pasó a llamarse “Qarmuna”. Tras la caída del califato de Córdoba, se convirtió en un reino independiente de gran importancia por su relevancia agrícola en la región.
Cuando en 1247, Fernando III el Santo la reconquistó, maravillado por su belleza y fortaleza, proclamó: “Como el lucero luce en la aurora, así en Andalucía, Carmona”. Un lema que hoy figura en el escudo de la ciudad y que sigue definiendo el espíritu de este lugar.
El nombre Los Castellares nace de las antiguas construcciones defensivas que protegían estas fértiles tierras de la campiña carmonense, al sur del Guadalquivir y junto a su afluente, el río Corbones. Un entorno bañado por el sol, acariciado por suaves brisas y bendecido por un suelo excepcionalmente rico.
Hoy, los olivos de Los Castellares son herederos vivos de miles de años de cultura del aceite de oliva. Cada árbol guarda la memoria del tiempo y cada cosecha es fruto de una dedicación meticulosa, respetuosa y apasionada por esta magnífica tierra, capaz de ofrecer uno de los mejores aceites de oliva virgen extra del mundo.
La variedad Arbequina encuentra aquí su equilibrio perfecto, dando lugar a un aceite de oliva virgen extra de alta calidad, elegante y armonioso. En nariz se presenta intensamente afrutado, con delicados matices de almendra fresca, tomate, hierba recién cortada, manzana y plátano. En boca es sedoso y equilibrado, con un amargor y picante suaves que lo hacen especialmente agradable y versátil. La finca Los Castellares no produce sólo un aceite, es la expresión líquida de un territorio milenario, una forma de entender el olivo y un homenaje al tiempo, al origen y a la excelencia.
Esta pasión y dedicación por la excelencia en la agricultura son los mismos principios que Torres y Ribelles mantiene desde 1914 en la fabricación y el envasado de este excepcional producto conocido como oro líquido.
Desde el primer momento, el cuidado es absoluto. Las aceitunas se molturan a las pocas horas de su recolección, preservando así toda su frescura y cualidades naturales. La extracción se realiza en frío, un proceso esencial para conservar intactos los aromas, sabores y propiedades saludables del aceite. Posteriormente, el aceite pasa por un delicado proceso de filtrado que elimina la humedad y las impurezas propias del fruto.
El aceite resultante se conserva en depósitos de acero inoxidable, protegidos del oxígeno y mantenidos a una temperatura constante de 18 ºC, garantizando así que el producto llegue en perfectas condiciones al momento del envasado, que se realiza siempre bajo pedido para su distribución a distintos países del mundo.
Los aceites de oliva virgen extra que exporta Torres y Ribelles son el resultado de un cuidadoso coupage de Arbequina, Picual y Hojiblanca, combinando los diferentes atributos y características tan particulares de cada una de ellas. De esta armonía nace el sabor inconfundible y representativo de BETIS, un aceite único y reconocible.
Para Torres y Ribelles y todo su equipo, es una gran satisfacción saber que nuestro trabajo contribuye al bienestar y la salud de tantas personas. El aceite de oliva virgen extra es un alimento milenario cuyos beneficios han sido ampliamente demostrados: destaca por su poder antioxidante y antiinflamatorio, ayuda a mejorar el colesterol, a regular la presión arterial y a proteger el sistema cardiovascular, además de ser una fuente natural de vitamina E y polifenoles, fundamentales para combatir el envejecimiento celular.
Una tierra milenaria dedicada al olivar y una fábrica equipada con la más avanzada tecnología industrial se unen bajo unos sólidos valores y principios éticos para dar lugar a un producto excepcional. En un tiempo en el que se ha ido perdiendo el conocimiento sobre lo que comemos, Torres y Ribelles reafirma su compromiso, desde 1914, con un alimento natural, saludable y auténtico.